Diario libertario de lugo e galaxia

Sobre la necesidad de ser Reales en las asambleas

26/01/2013
15:38
Sobre la necesidad de ser Reales en las asambleas

Éste es quizá uno de los artículos más personales que he escrito, en el que voy a intentar explicar que significa para mí ser Real, y porqué creo que es tan importante.

Se repite hasta la saciedad que es necesario que los de abajo nos organicemos para poder ser más capaces, para tener más poder, para poder hacer frente a los ataques del sistema capitalista. La frase “organízate y lucha” suena aquí y allá en manifestaciones, pancartas, carteles, blogs y un largo etcétera, pero, más allá del eslogan, la organización de grupos trae consigo una serie de problemáticas de las que poco o nada se hablan, como si se trataran de ocultar, como si reconocer dichas problemáticas pudiera empañar en gancho publicitario de la receta mágica.

Lejos de los tópicos, la organización es una tarea compleja, especialmente cuando se quiere hacer de forma horizontal, es decir, sin dirigentes ni líderes. Hemos sido educados y hemos crecido en una sociedad estructurada a través de jerarquías desde su núcleo más básico (la familia) hasta su conjunto más amplio (el estado), por lo que la organización de una manera distinta nos resulta algo ajeno, es algo que no conocemos ni hemos experimentado. Directamente: no lo sabemos hacer.

Cualquier organización depende directamente de las personas que la forman, y más si se trata de una asociación libre, sin jerarquías. Pero aún más importantes que las personas son las relaciones entre ellas dentro de la organización. Salvo raras excepciones las personas no son sujetos planos que se comporten de la misma manera en todos los contextos y situaciones, sino que, al contrario, nos adaptamos al medio, somos flexibles, y desempeñamos distintos roles según las circunstancias lo aconsejen. Por lo tanto es fundamental el papel que desempeña cada individuo dentro de una organización, y para comprenderlo es necesario comprender como ve cada individuo la organización, y como nos vemos a nosotros mismos dentro de ella, cuales son nuestras motivaciones.

Un problema que sucede a menudo cuando intentamos analizar algo es ya tener las conclusiones sacadas de antemano antes de empezar a analizar, y utilizar la razón, no para conocer sino para justificar lo que sea y más aún cuando se trata de justificarnos a nosotros mismos, nuestras acciones o nuestras ideas. En este sentido las falacias (razonamientos que parecen lógicos pero no lo son) siempre vienen en nuestra ayuda, dispuestas a justificar lo que sea a cualquier precio, especialmente si se trata de defender el ego del autor de las mismas. Falacias las hay de muchos tipos y no voy a entrar aquí a desarrollar el tema, hay abundante documentación al respecto que quien esté interesado puede consultar buscando en internet o en la biblioteca de su barrio.

Siendo más radicales, pensemos en la persona que se justifica en base a falacias, no como un impostor ni una persona ruin, sino como una persona que se engaña a sí misma. Esto lo hacemos todos a diario, con pequeñas cosas que al final forman las grandes cosas. Tenemos nuestro esquema de valores que forma parte de nuestra identidad, y en base a eso nos relacionamos con el mundo, pero ¿son estos valores NUESTROS valores? ¿esa identidad es REAL? Quizá es simplemente una herramienta con la que nos enfrentamos al mundo, para estar protegidos y todos podríamos tener otra forma de ser y otros valores sin dejar de ser nosotros mismos. Es más, quizá con otros valores seríamos más nosotros mismos. No digo que tengamos que hacer tales o cuales cambios en nuestra persona, sino simplemente que aceptemos la posibilidad de que podríamos ser diferentes a como somos sin dejar de ser nosotros mismos, porque eso es lo que abre la puerta a la autocrítica. Si pensamos que somos como somos y punto, nunca aceptaremos la posibilidad del cambio y veremos esta posibilidad como un ataque personal en lugar de verlo como una posibilidad de mejorar como individuos.

El problema que nos trae aquí, y que afecta terriblemente a la organización y el asamblearismo, es que no podemos ser sinceros con los demás si no somos antes sinceros con nosotros mismos. A menudo nos montamos películas, ya sean románticas, dramáticas, de acción, de terror, o incluso de ciencia ficción. Es fundamental hacer el ejercicio de ver cual es nuestra motivación REAL para participar en una organización o una lucha. Tampoco descubrir que nuestras motivaciones no eran las que creíamos o las que mostrábamos a los demás significa el fin del mundo, ni que debamos ser ajusticiados en la plaza pública. Los seres humanos nos adaptamos al medio, y el medio en el que nos ha tocado vivir es el que es y promueve (o incluso exige) la competitividad en lugar de la cooperación, la sumisión y la dominación en lugar de la solidaridad, la culpa en lugar de la autoestima, el miedo en lugar de la determinación. No somos buenos ni malos. Somos a veces buenos, y a veces malos, según a quien le preguntemos pero normalmente, hacemos lo que creemos que tenemos que hacer en cada momento. Por eso no hay razón para sentirse culpables por errores cometidos, no hay razón para no ser sinceros con nosotros mismos, y así poder crecer como personas, poder ser sinceros con los demás, y así poder crecer como asamblea.

Con esto no quiero decir que haya que esperar para organizarnos hasta estar preparados. Aprender forma parte del proceso de construir, y a la vez que nos organizamos podemos aprender a organizarnos. Resulta complicado imaginarse aprender a jugar al fútbol sin jugar o a tocar el piano sin tocarlo, lo cual no significa que vayamos a jugar en la liga profesional de buenas a primeras. Mucha gente se decepciona fácilmente al empezar a participar en asambleas, cuando ve que las cosas no son tan distintas que en el resto de los espacios sociales. Esto es normal que sea así porque la gente que participa en las asambleas no es distinta de la que forma el resto de los espacios sociales. Es sano reconocer los problemas y ayudar a solucionarlos, comprendiendo que los errores de los demás pueden ser también los nuestros, y que en todo caso, tendremos nosotros también otros errores, así que más sano aún que reconocer los problemas, es hacerlo en su justa medida, sin menospreciarlos ni sobredimensionarlos. Esto último es lo más difícil de todo (al menos para el que escribe esto), y es la primera piedra que debemos poner en la tan aclamada “justicia social”: ser justos en nuestras relaciones personales y sociales.

Tomar conciencia no equivale a adoctrinarse, equivale a ser más conscientes de la realidad que nos rodea, más conscientes de quienes somos, más sinceros con nosotros mismos y con los demás, en definitiva, más Reales.

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