Diario libertario de lugo e galaxia

Reflexión y crónica sobre los acontecimientos del 1º de Mayo

18/05/2012
15:50
Carte del evento
La sangre atrae a las moscas. Moscas con porra, moscas con banderas “sigladas” y, especialmente, moscas con estilográficas.
Que la prensa haya hecho su agosto vendiendo que la “gestapillo” de CCOO-UGT se limitó a “llamarnos al orden”, que la policía se vio “obligada a intervenir” o que estábamos en contra de la convocatoria, es algo natural (saben bien quién les paga, y a su dictado escriben). Que se hayan afanado en decir que éramos 15, que éramos red-skins o que pertenecíamos a la exigua CNT, es en parte lógico y en parte pintoresco. Pero que mucha otra gente haya iniciado la carrera por definirse como los verdaderos protagonistas, como los más “malotes” y los que empollaron el “primer huevo”, es cuanto menos triste cuando la situación judicial de muchos compañeros está en el aire, cuando la salud de algunos está todavía en entredicho y cuando los heridos más graves (porrazos y verdugones aparte) –nos referimos a los que siguen con la nariz rota o con una lesión cardiaca de consecuencias indeterminadas– pertenecen al mismo y malogrado bando.
Ese bando no ha tenido prisa en explicar lo sucedido: primero porque no ha querido correr a darse un dudoso baño de gloria; segundo porque es cuanto menos de mal gusto, si no cruel, escribir sobre determinados asuntos cuando la sangre que derramaron algunos de sus protagonistas aún no se ha secado.
Los compañeros que salieron peor parados son Anarquistas (de la FAGC, si se necesitan siglas) y han preferido mantenerse fuera de este circo mediático y esperar que el bullicio deje espacio a la reflexión.
Personalmente los sucesos del 1º de Mayo lo han convertido en un día perfecto para extraer valiosas conclusiones. Paso a relatar algunas…

 Se nos ocurrió crear, de forma espontánea, un bloque anti-capitalista de corte anti-autoritario, a fin de entrar en la Plaza de la Feria de forma crítica y diferenciada con respecto a los sindicatos oficiales (a fin también de proponer conjuntamente una Asamblea Popular cuando estos últimos se dedicaran a vomitar su cansino y clásico mitin [posiblemente el mismo que dan desde los años 80]). El caso de la compañera represaliada Laura Gómez (http://www.kaosenlared.net/territorios/t/euskalherria/item/16677-a-por-n...) nos solidarizó con la CGT y les invitamos, junto a Azarug (organización cuya heterogeneidad nos mantenía expectantes), a formar parte de ese conglomerado. Cuando dábamos la vuelta a la Delegación del Gobierno los “compañeros” de CGT (posiblemente ante la presencia policial) desertaron. No volverán a engañarnos; más que nada porque permitir que nos engañen dos veces nos convertiría (como dice el Talmud) en cómplices del engaño. Ese día algunos aprendieron que ante una batalla es preferible tener al lado a ese “queso de mil leches” (mescolanza de ideas y posturas enfrentadas) que es Azarug que a gente, supuestamente, de corte “libertario”, como son los de CGT.
Cuando entramos en la plaza buscamos un lugar donde nuestra voz pudiera oírse ante la hegemonía del monopolio sindical. Nuestros gritos, detrás de la tarima, quedaron claros: “CCOO y UGT sindicatos del poder” y, sobre todo, “¡Huelga, huelga!”. Desde la tribuna el orador de Comisiones indicó al “grupo de orden” que subiera a desalojarnos y pasó lo evidente: cuando se recurre a un “grupo de orden” estos suelen desencadenar el caos.
Comenzaron las provocaciones e insultos por su parte, las patadas disimuladas, los empujones, bien subrepticios bien descarados; se afanaron en intentar arrebatarnos los megáfonos para silenciarnos… Lo que ocurrió después es parte del corolario que se da entre la agresión y la necesaria autodefensa.
Mientras algunos intentábamos denostadamente intentar levantar una línea de contención y resistencia otros se afanaban en repartir golpes bajos y empujar. Las “fuerzas de asalto” de CCOO (si ésas son las de “élite” como deben ser los “soldados rasos”) no podían actuar con más bajeza (tirando colillas contra la cara, centrándose en agredir con preferencia a las compañeras, recurriendo al salivazo, etc.). Cuando sintieron perder la partida no dudaron en llamar a la policía.
Todo ello coincidió con la obsesión de un enajenado (seguramente, por su forma de actuar, “Secretario de cultura, bienestar y convivencia” de CCOO) en golpear a una de nuestras compañeras, dos veces, al grito de: “deja de grabar” (pregunta: ¿qué interés tenían los de Comisiones en que no se grabara el altercado? A buen entendedor…). Una avalancha se precipitó (desde lo alto de la parte superior de la plaza –donde estábamos ubicados– a la acera). Fue el momento que aprovechó la UIP (que acudió rauda a la llamada de sus “colegas”) para intentar llevarse a nuestra compañera. El rayo electrificante de solidaridad no se hizo esperar, y corrimos en estampida para liberarla. Obviamente, los cuerpos represivos no se lo esperaban.
No hace falta hablar de quién hizo qué. Ahí están las imágenes (aunque todavía parciales) para poner en su lugar a cada uno. Los que se abstuvieron, los que presumen injustificadamente y los que nos manchamos hasta escupir sangre. Tampoco hace falta aclarar mucho más lo que hizo la policía. Nos pegaron indiscriminada y brutalmente. Nos apalearon escogiendo, intencionadamente, puntos vitales. Fueron a dar en la cara, en la nuca, en el pecho o en la columna. Con un ansia homicida que sólo la premeditación o el miedo pueden explicar (posiblemente ambas a la vez).
En ese momento se materializó el divorció de la población con los sindicatos “mayoritarios”. Se evidenció la separación entre quienes decían desde la tribuna “eso no va con nosotros” y entre quienes se alertaban: “están cargando contra los anarquistas”.
Si en la lucha se unieron a los anarquistas muchas sensibilidades (especial mención merecen muchos compañeros de Azarug, y seguramente algún que otro “autónomo”), en la recriminación a la policía se unieron prácticamente todas, salvo las representadas por el sindicalismo vertical de CCOO Y UGT (el grito de: “¿dónde están, no se ven, CCOO y UGT?” dejó muy clara la ruptura).
La policía, superada por lo que su propia represión había desencadenado, acabó retirándose y a casi todos nos quedó una sensación de euforia… Aún no habíamos valorado las bajas.
A ojos vista muchas buenas lecciones pueden extraerse de lo que puede ocasionar una unión popular cohesionada y sin miedo ante la legalidad ni ante la máscara más cruel del Estado: el armazón policial. Sin embargo también hemos aprendido, o reaprendido, lecciones amargas.
Personalmente, he vuelto a comprobar lo triste que es constatar que te usen como carne de cañón, que se aprovechen de que estás en primera línea para golpear e irse, sabiendo que serás tú quien correrás con los “gastos”. He descubierto que muchos esperan a que estés en el suelo para ponerte una gorra en la cabeza y una bandera en las manos. He averiguado que a nadie le interesa aclarar los malos entendidos y que a través de ambiguos comunicados mantienen el equívoco sobre la autoría de los hechos con tal de obtener suculenta propaganda gratuita. He contemplado cómo unos miran con los brazos en jarra mientras otros luchan; y cómo a otros les atrae más participar de la “orgía de violencia” que de la Causa. He contemplado cuánto gusto hay por las fotos, por poder decir “yo lo vi todo” y por instrumentalizar una masacre y un acto de solidaridad espontánea a fin de poder comentar “estamos en la vanguardia”.
En conclusión:
-La resistencia ante las agresiones de los sindicatos y la policía no fue “encabezada” por la CNT (dado su número y sobre todo su participación esta afirmación es absurda y tendenciosa). Los militantes de la Confederación deberían de corroborar y hacer público que su intervención en los hechos fue testimonial.
-Junto a los “autónomos” (cuya filiación desconozco) y muchos de los militantes de Azarug, fueron los anarquistas, a secas, y por mal que suene, quienes se batieron el cobre (véanse las incontestables imágenes).
-A excepción de los porrazos que recibió un único compañero de Azarug (según reza en su comunicado oficial), la casi totalidad de los heridos (tres leves: policontusionados [porrazos en extremidades y espalda]; uno de gravedad media: rotura, de doble trayectoria, de tabique nasal; y uno de gravedad todavía indefinida: lesión cardiaca, de origen traumático, causante de una posible patología crónica que a estas horas sigue siendo valorado por los cardiólogos) pertenecen a esa herramienta libertaria que llamamos FAGC.
Escribo esto desde uno de los hospitales de la isla, donde sigo hospitalizado a la espera de que me realicen un electro cateterismo y de que me den los resultados de mi dolencia cardiaca. Lo escribo con una sensación agridulce. Con gratitud para todos los que se jugaron su integridad física sin esperar nada a cambio, para todos los que unieron su voz a la nuestra sin más ambición que la de hacer lo que sentían justo, para todos los que ese día le perdieron el miedo a la policía y el respeto a los grandes sindicatos. Pero también con cierta lástima por todos los que, manteniéndose al margen, han revuelto entre nuestras heridas y se han pintado la cara con nuestra sangre; por todos los que gritaban, no por convicción, sino para poder ponerse una medalla de la que presumir en esas “revoluciones asépticas” que se nos permite declarar a través del Facebook; por todos los que se cagarán en mis muertos por haber señalado lo incómoda que es la verdad de quien vivió los hechos y ahora paga sus consecuencias.

Fdo.: Un anarquista que dará su identidad cuando la seguridad de los compañeros deje, de forma irreversible, de estar en peligro.

P.D.: Este comunicado no representa la opinión de la Federación Anarquista de Gran Canaria, sólo corresponde a la vivencia de un militante libertario que sólo debe responder ante sí mismo.
P.D. 2: Para todos los que, conociendo lo relatado, nos insistan en que denunciemos, aquí va mi personal negativa: en este caso no sólo pesa nuestra condición de anarquistas, nuestra negativa a participar de la hipocresía de atacar un sistema que se respalda en las leyes a través de esas mismas leyes (modificando una frase de Sartre: “quien respeta la legalidad no puede actuar contra el sistema, es parte de él”); pesa también el hecho de las posibles represalias (sabemos a ciencia cierta que la policía espera como agua de mayo que algunos de nuestros carnets se adjunten a las posibles denuncias que fuéramos a tramitar) y la negativa, por tanto, de salvarse a través de condenar a otros.
 
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