Diario libertario de lugo e galaxia

La esperanza retornada

10/08/2013
22:35

El fin de la dictadura franquista dio paso a un proceso en el que se sentarían las bases del actual modelo político, social y económico. Un proceso complejo en el que la CNT todavía tenía mucho que decir y aportar.

I. Nistal | Periódico CNT

Ilustración: Carlos Azagra

A pesar de todas las dificultades planteadas en la reconstrucción de la CNT en el interior tras la muerte de Franco, ésta se produjo de forma fulgurante “sorprendiendo a los propios anarcosindicalistas y al conjunto de la sociedad española”, según Juan Pablo Calero en el libroEl hilo rojinegro de la prensa confederal, siendo 1977 un año clave en ese sentido, no solo porque en el mes de mayo se produjera la legalización del sindicato, sino también por las espectaculares demostraciones públicas como fueron los mítines de San Sebastián de los Reyes (aún con la CNT sin legalizar) y de Montjuic, así como las Jornadas Libertarias Internacionales organizadas en el Parque Güell de Barcelona.

A todo este esplendor social y cultural, cabía añadir una progresiva implantación sindical en las empresas que ya venía produciéndose desde años anteriores como es el caso de la huelga en Roca de 1976, y posteriormente en 1977 con la participación activa en la huelga de la construcción o en la huelga de las gasolineras.

Sin embargo, el acuerdo firmado el 25 de octubre de 1977 conocido como los Pactos de la Moncloa entre el Estado y todas las fuerzas políticas, sindicales y económicas sellaban una paz social y un respaldo del sistema capitalista y de democracia representativa que anulaba la capacidad de decisión  de la población, y que en el plano laboral con la Ley de Acción Sindical, junto con las elecciones sindicales y los comités de empresa desbarataban cualquier capacidad de lucha de los trabajadores, anulaban por completo “el asambleísmo obrero, cualquier posibilidad de huelgas no controladas, cualquier posibilidad en suma, de un desbordamiento del marco y de las reglas del sistema” (editorial de julio de 1978, nº 1 – V Época).

Por todo esto es lógica la posición que la CNT tomó de rechazo frontal contra los Pactos de la Moncloa y del Referéndum para aprobar la Constitución, siendo la única fuerza social que se opuso a tales maniobras, convirtiéndose de esta forma en un oponente incómodo con el que no se contaba dentro del tablero de juego.

Y como todo juego, éste tenía sus trampas por las que no se dudó en utilizar para acabar con el predominio anarcosindicalista y se viera peligrar de esa forma el tinglado tan bien montado por los Juan Carlos, Fraga, Carrillo, Suárez o González. Por eso, precisamente en una manifestación en Barcelona contra los Pactos de la Moncloa se preparó un atentado a la sala de fiestas Scala, siendo el cabecilla y el principal responsable de la trama Joaquín Gambín, alias el Grillo, un confidente de la policía qe fue quien finalmente lanzó varios cócteles que provocaron el gran incendio del edificio y el asesinato de cuatro trabajadores (tres de ellos precisamente afiliados a la CNT).

Este montaje consiguió sus frutos en cuanto a que consiguió desestabilizar y restar fuerza al sindicato, vaciándolo de afiliación y militancia y relegándolo a la marginación tras la campaña política y mediática orquestada.

A todo ello hay que sumar los estragos causados de la famosa escisión tras el V Congreso celebrado en la Casa de Campo de Madrid en 1979 y que acabaría por sumir al anarcosindicalismo en la larga travesía en el desierto.

 

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